08 mayo 2009

Dedos - Ted Hughes

¿Quién se acordará de tus dedos?
¿De su alada vida? Volaron
En la luz de tu mirada.
Al piano, machacando éxitos de los cuarenta,
realizaron un incidental número cómico,
de su propia cosecha, marionetas con humor de payaso listo.
Tu única preocupación era que llegasen a las teclas.
Pero mientras hablabas, mientras tus ojos mostraban
los estorbos de tu exuberancia,
flamearon e hicieron ellos acrobacias de ballet.
Pensé en pájaros del trópico en algún acto
de despliegue sexual, brincando o dando volteretas,
haciendo rarezas en el aire y cayendo al polvo.
¡Aquellas bailarines de tu exceso!
Con toques tan ágiles, prácticos - tan precisos.
Pensando sus propios pensamientos igual que relámpagos
acariciaron el carmín de las comisuras de tu boca.

Esbeltos conductores de tu pericia,
refocilándose en tu máquina de escribir,
poseídos de un espíritu infantil, como duendecillos,
que, hicieran lo que hiciesen, lo bailaban o volvían mimo
en la ingrávida generosidad de lo expresivo.

Me acuerdo de tus dedos. Y los dedos de tu hija
recuerdan tus dedos
en todo lo que hacen.
Sus dedos obedecen y honran a tus dedos,
Lares y Penates de nuestra casa.

07 mayo 2009

Rojo - Ted Hughes

El rojo era su color.
Si no había rojo, blanco entonces. Pero rojo
era lo que en volvía tu alrededor.
Rojo sangre. ¿Era sangre?
¿Era ocre rojizo, para confortar a los muertos?
Hematita para hacer inmortales
los preciosos huesos heredados, los huesos de familia.

Cuando al fin te saliste con la tuya
nuestra habitación fue roja. Una sala de juicios.
Un cofre cerrado para gemas. La alfombra de sangre
con diseños oscurecidos, como coágulos
Las cortinas -sangre rubí de pana,
cataratas de pura sangre del techo al suelo.
Igual los cojines. El mismo
rojo carmín en los bancos bajo la ventana.
Una celda marcada. El altar de un templo azteca.

Sólo las estanterías escaparon en su blancura.

Y fuera de la ventana
amapolas finas y frágiles
como piel sobre la sangre,
salvias, de las que tu padre tomó tu nombre,
como sangre brotando de una laceración,
y rosas, las gotas últimas de tu corazón,
arteriales, catastróficas, condenadas a muerte.

Tu falda larga de terciopelo, un manchón de sangre,
espléndido color borgoña.
Tus labios bañados de carmesí profundo.
Te deleitabas en el rojo.
Yo lo encontraba duro -como los bordes crujientes de gasa
en una herida reseca. quise tocar
ahí una vena abierta, la costra del destello.

Todo lo que pintabas lo pintabas blanco
y luego lo salpicabas de rosas, lo derrotabas así,
rosas lagrimosas, rosas y más rosas,
y a veces, entre ellas, un pequeño pajaro azul.

El azul hubiera sido mejor para ti. Azul son alas.
Sedas azules como el martín pescador de San Francisco
envolvieron tu embarazo
en un crisol de caricias.
El azul era tu espíritu cordial -no el necrofago demonio
electrificado, sino un guardián, solícito.

En el foso del rojo
te escondías de la blancura de hueso de la clínica.

Pero la joya que perdiste era azul.

Canciones para escuchar.



Lori Meyers - Luces de Neón

01 mayo 2009

Nicholas Hughes se suicida.


Una se encuentra veces con tristes noticias como esta

http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2009/702/1238281204.html

EL ADIOS DE NICK

SOLITARIO. Nicholas Hughes se mató con una cuerda. La colgó en su casa de Alaska, donde vivía sin compañía. Era un prestigioso biólogo marino, catedrático de la Universidad de Alaska-Fairbanks.Daba clases de pesca y ciencias oceánicas. Era un hombre atractivo, hijo de dos mitos literarios: Sylvia Plath y Ted Hughes. No se casó nunca, ni tuvo hijos. Era un hombre encerrado en una profunda soledad. Se ahorcó el lunes 16 de marzo. Tenía 47 años y, según su hermana Frieda, llevaba varios años luchando contra la depresión...